Infancia, tiempos de aprender y enseñar

Este domingo es el día de las Infancias y seguimos repensando esta época importante en la vida de cualquier persona.

“Abriga al niño en su infancia y no pasará frío el resto de su vida”, esta frase que se ha vuelto tendencia en las redes sociales y en la web, corresponde al escritor español Juan José Millás y nos habla de la importancia de esta época en la formación de una persona. No se refiere tan sólo a lo material sino también a todo lo intangible, a todo aquello que hoy por hoy se constituyen como los derechos de niñas y niños.

Como madres, los hijos representan un ir y venir de sensaciones. Una montaña rusa en donde se mezcla una felicidad absoluta y el desafío de tener a cargo a alguien que depende enteramente de ti. Esa niña, ese niño, pasa a convertirse en tu prioridad número 1 y buscás llenarle la vida de todos esos pequeños y grandes momentos que te hicieron feliz en tu infancia.

Su capacidad de asombro por la cotidianeidad del día a día le permite aprender de ese mundo que lo rodea, tan inexplorado por ellos, pero que también terminarán transitando junto a nosotras. La relación con ellos, te lleva muchas veces a sentirte pequeña de nuevo, reviviendo y compartiendo al mismo tiempo nuevas situaciones que te llevan a crecer junto con ellos.

Enseñas y aprendes

Los niños son nuestros grandes maestros, los que nos permiten entender la verdadera importancia de las cosas. Nos ayudan a darnos cuenta que todo aquello que nos importaba deja de tener el mismo valor que antaño, que adquirimos nuevas prioridades y que la vida toma un nuevo cariz. 

De los niños también aprendemos de su ingenuidad y claridad para ver la vida de distinta manera. Ellos están lejos de la malicia del mundo externo que nos contagian de su pureza, nobleza y espontaneidad. Nos hacen recordar los momentos en que “la razón” no obnubilaba nuestros pensamientos, cuando no teníamos prejuicios ni estábamos concentrados en los problemas, sino en las soluciones.

La relación con ellos se vuelve un ida y vuelta en la que nos retroalimentamos y nos convertimos en nuevas personas. No volveremos a ser las mismas que antes. Si tenemos suerte, seremos mucho mejores, aún cuando el camino pueda volverse complicado. Ellos siempre nos recordarán qué es lo importante y nos marcarán el camino.

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